Conocer que es el lipedema es importante desde mi punto de vista, ya que detecto que se ha puesto de moda en redes sociales y medios. Pasar de ser una enfermedad infradiagnosticada a sobrediagnosticada creo que no beneficia a los pacientes. Te cuento que es el lipedema en este texto con máximo rigor.
Introducción
“Doctora, hago dieta, hago ejercicio y mis piernas siguen igual”. Esta frase la escucho en consulta. Quizá no son conscientes que a veces los médicos tampoco entendemos bien les ocurre. A veces aparecen explicaciones simplistas como “tienes mala circulación”, “retienes líquidos” o “simplemente tienes sobrepeso”. Y, sin embargo, en muchos casos lo que presentan es un lipedema.
El problema es que el lipedema se ha puesto muy de moda en redes sociales y actualmente se utiliza el término para casi cualquier acumulación de grasa en piernas. Por eso creo que es importante explicar bien qué es el lipedema, cuándo debemos sospecharlo de verdad y cuándo probablemente estamos hablando de otros problemas distintos.
El lipedema es una enfermedad crónica y progresiva del tejido adiposo que afecta casi exclusivamente a mujeres y que produce una acumulación desproporcionada de grasa, especialmente en piernas y, en ocasiones, también en brazos.
Lo característico es que esta grasa no se comporta igual que la grasa corporal habitual. Las pacientes refieren que determinadas zonas del cuerpo aumentan de tamaño de manera progresiva y son resistentes a dieta y ejercicio. Además, suele acompañarse de dolor, sensación de pesadez, facilidad para los hematomas y una gran sensibilidad al tacto. El lipedema, a diferencia de la obesidad convencional, presenta una distribución muy concreta y desproporcionada respecto al resto del cuerpo.
Posiblemnte el lipedema una entidad clínica diferenciada y probablemente infradiagnosticada durante años.
En mi experiencia, uno de los aspectos más importantes es entender que el lipedema no afecta únicamente al aspecto físico. Muchas pacientes presentan dolor real, limitación funcional, inseguridad corporal y una enorme frustración tras años intentando perder volumen mediante dietas muy estrictas o ejercicio intenso sin conseguir cambios proporcionados en las extremidades.
Más adelante hablaremos con detalle sobre cómo diferenciar el lipedema del linfedema ( de la “mala circulación”) y de la obesidad, cuáles son los tratamientos eficaces, qué papel tiene la inflamación, cuándo puede ayudar la cirugía y qué sabemos realmente hoy sobre la fisiopatología de esta enfermedad.
1.¿Es frecuente el lipedema?
Actualmente, la mayoría de los estudios epidemiológicos estiman que aproximadamente un 10% de las mujeres podrían presentar lipedema, aunque algunas publicaciones hablan incluso de cifras entre el 10 y el 20%. Es decir, no estamos hablando de una enfermedad rara. Uno de los aspectos más llamativos del lipedema es precisamente la enorme diferencia entre su frecuencia real y lo poco reconocido que ha estado durante años.
Sin embargo, en mi experiencia, sigue siendo una patología infradiagnosticada.Esto genera una paradoja curiosa: probablemente es una enfermedad relativamente frecuente, pero al mismo tiempo sigue siendo poco conocida incluso entre profesionales sanitarios.
2. ¿A quién afecta el lipedema?
Más del 95% de los casos de lipedema descritos aparecen en mujeres. Además, la enfermedad suele comenzar o hacerse evidente en momentos hormonales concretos: pubertad, embarazo, menopausia.
En algunos estudios, más del 60% de las pacientes recuerdan que los síntomas comenzaron ya durante la adolescencia. Actualmente sabemos que existe una relación hormonal muy clara en el lipedema, especialmente con estrógenos.
La importancia de la historia familiar en el lipedema
Los estudios actuales muestran que aproximadamente la mitad de las pacientes con lipedema tienen antecedentes familiares compatibles. Esto apoya la existencia de una predisposición genética, aunque probablemente compleja y dependiente de múltiples genes.
Es un dato muy frecuente en el lipedeam es la agregación familiar. En consulta es habitual escuchar: “mi madre tenía las piernas igual”, “mi hermana también”, o “en mi familia todas las mujeres tienen este problema”.
3. ¿Por qué sigue diagnosticándose tan poco el lipedema?
Durante muchos años el lipedema apenas aparecía en la formación médica, se confundía con obesidad o linfedema y no tenía criterios diagnósticos claros. Muchas pacientes normalizaban sus síntomas porque otras mujeres de la familia presentaban lo mismo.
Además, hasta hace relativamente poco existía muy poca investigación científica seria sobre el tema. De hecho, una parte importante del avance actual viene precisamente de los nuevos consensos internacionales y de grupos multidisciplinares que intentan estandarizar criterios diagnósticos y mejorar la calidad de la evidencia científica. Existe un grupo de trabajo dedicado al lipedema, puedes conocerlo AQUÍ.
4. El problema actual del lipedema: del infradiagnóstico al sobrediagnóstico
Durante años probablemente hemos infradiagnosticado el lipedema. Pero actualmente también estamos viviendo posiblemente el fenómeno contrario: el sobrediagnóstico.
En redes sociales prácticamente cualquier acumulación grasa femenina parece etiquetarse automáticamente como lipedema. En mi experiencia, el diagnóstico correcto requiere historia y contexto clínico, así como exploración física y valoración del dolor.
5. ¿Qué no es un lipedema?
Aquí es donde actualmente existe más confusión. No toda grasa localizada es un lipedema. No toda celulitis es un lipedema. Y no toda dificultad para adelgazar las piernas significa necesariamente que exista esta enfermedad.
En redes sociales se están etiquetando como lipedema muchísimos casos que probablemente corresponden a distribución genética de grasa, obesidad localizada, sedentarismo o incluso cambios normales de la estructura corporal femenina.
Te dejo también por si quieres consultar el enlace de la Asociación de afectadas por lipedema.
6. ¿Cómo reconocer un lipedema?
Existen algunos signos bastante típicos que nos hacen sospechar un lipedema en consulta. Lo más frecuente es que la paciente refiera una desproporción clara entre el tronco y las piernas, con sensación de que “la parte de abajo del cuerpo no responde igual” pese a dieta o ejercicio.
Muchas mujeres cuentan además que desde la adolescencia “sus piernas siempre fueron distintas”, o que comenzaron a empeorar claramente tras embarazos, cambios hormonales o menopausia.
Los signos más frecuentes que solemos encontrar son:
- Acumulación simétrica de grasa en piernas.
- Desproporción clara entre tronco y extremidades.
- Sensación de dolor o sensibilidad en las piernas.
- Tendencia a hematomas frecuentes.
- Sensación de pesadez o inflamación.
- Empeoramiento al pasar muchas horas de pie.
- Respeto relativo de pies y manos.
- Antecedentes familiares similares.
En mi experiencia, uno de los datos más importantes sigue siendo la historia clínica. El lipedema suele comenzar o empeorar en momentos hormonales clave de la vida de la mujer y muchas pacientes describen años de frustración porque el volumen de las piernas apenas cambia, aunque pierdan peso en otras zonas del cuerpo. Te dejo el enlace a mi libro: «Piel de mamá» donde explico todos los cambios de la piel durante el embarazo
Desde el punto de vista médico, el reconocimiento del lipedema sigue basándose fundamentalmente en criterios clínicos. Es decir, en lo que vemos al explorar a la paciente y en cómo encajan sus síntomas con un patrón muy característico. En la mayoría de los casos no hacen falta pruebas sofisticadas para sospechar el diagnóstico.
Actualmente sabemos que una paciente que presenta seis o más criterios clínicos característicos tiene una alta probabilidad de padecer lipedema. Uno de los hallazgos más importantes es la distribución anatómica típica: acumulación bilateral y simétrica de grasa en piernas, muslos, caderas y, en ocasiones, también en brazos.
El signo más característico probablemente sea el llamado signo del brazalete o cuff sign. La grasa y el edema terminan de manera bastante brusca antes de llegar a pies o manos, creando una especie de “corte” en tobillos o muñecas. Esto ayuda mucho a diferenciarlo de otros problemas como el linfedema o edema de causa linfática.
A nivel exploratorio, la distribución simétrica bilateral es uno de los datos más importantes. Además, en el lipedema la piel suele mantenerse relativamente conservada, sin los cambios cutáneos avanzados que sí vemos en algunos casos de linfedemas crónicos, como hiperqueratosis o lesiones verrugosas.
Otro signo clásico que utilizamos es el signo de Stemmer. Consiste en intentar pellizcar la piel de la base del segundo dedo del pie. En el lipedema suele ser negativo, es decir, la piel puede pellizcarse con normalidad. En cambio, en linfedemas avanzados muchas veces esto no es posible.
Aunque el diagnóstico es principalmente clínico, en algunos casos utilizamos pruebas complementarias para aclarar dudas diagnósticas o descartar otras enfermedades asociadas. La ecografía cutánea de alta resolución puede ayudar a diferenciar lipedema de linfedema observando cómo se comporta el tejido subcutáneo y el grosor dérmico. También puede solicitarse ecografía Doppler para descartar insuficiencia venosa crónica o linfogammagrafía cuando existe sospecha de alteraciones linfáticas importantes.
7. Diferencia entre lipedema y obesidad
Muchas pacientes con lipedema han pasado años escuchando que “simplemente tienen sobrepeso” o que “deberían adelgazar más”. Y al mismo tiempo, también veo actualmente el problema contrario: cualquier grasa localizada femenina parece etiquetarse automáticamente como lipedema.
La realidad es que obesidad y lipedema no son exactamente lo mismo, aunque pueden coexistir en una misma paciente.
La obesidad consiste en un exceso generalizado de tejido adiposo relacionado con múltiples factores metabólicos, genéticos, hormonales y ambientales. En cambio, el lipedema es un trastorno específico del tejido adiposo con una distribución muy concreta, predominantemente en piernas y, en ocasiones, brazos.
En consulta, una de las cosas que más orienta es la desproporción corporal. Muchas pacientes pierden peso en cara, pecho o abdomen, pero las piernas continúan prácticamente igual. Además, el lipedema suele acompañarse de dolor, sensibilidad, sensación de pesadez y facilidad para los hematomas, algo que no es habitual en la obesidad simple.
Uno de los hallazgos más característicos es el respeto de pies y manos. La grasa termina de manera relativamente brusca en tobillos o muñecas, creando el llamado signo del brazalete. Este dato clínico es especialmente útil porque no suele aparecer en obesidad convencional.
Desde el punto de vista científico, hoy sabemos además que el lipedema presenta diferencias fisiopatológicas reales respecto a la obesidad clásica. No hablamos simplemente de “más grasa”, sino de un tejido adiposo con comportamiento biológico diferente.
Curiosamente, algunos estudios sugieren que el lipedema podría comportarse como una especie de “expansión subcutánea metabólicamente distinta”, diferente de la obesidad visceral típica asociada a síndrome metabólico. Esto probablemente explica por qué algunas pacientes con lipedema importante pueden mantener parámetros metabólicos relativamente conservados.
También sabemos que la respuesta a dieta y ejercicio es diferente. En la obesidad clásica la pérdida de peso suele ser relativamente proporcional y mejoran los parámetros metabólicos. En cambio, en el lipedema la grasa localizada en piernas responde poco al ejercicio y el dolor puede persistir a pesar de la pérdida de peso.
Aun así, también es importante ser honestos: el hecho de tener lipedema no significa que el peso no importe. La obesidad asociada puede empeorar claramente los síntomas, aumentar la inflamación y dificultar mucho la movilidad y el drenaje tisular. También conviene recordar que el índice de masa corporal o IMC puede ser engañoso en pacientes con lipedema. Al existir una acumulación muy importante de grasa en extremidades, el peso corporal aumenta, aunque no necesariamente exista una obesidad visceral severa. Por eso algunas escalas antropométricas clásicas sobreestiman el grado real de obesidad en estas pacientes. Actualmente se considera que el índice cintura-talla puede ser más útil que el IMC para valorar proporcionalidad corporal en pacientes con sospecha de lipedema.
8. Lipedema y retención de líquidos: no es lo mismo
Esta es una de las confusiones que veo en consulta. Algunas pacientes piensan que tienen simplemente “retención de líquidos” porque notan las piernas hinchadas, pesadas o con sensación de inflamación, cuando en realidad pueden presentar un lipedema. Aunque ambas situaciones pueden parecerse visualmente, el origen del problema es distinto.
El lipedema es una enfermedad del tejido adiposo subcutáneo, es decir, una alteración en la distribución y comportamiento de la grasa corporal. Suele afectar de forma simétrica a piernas y, a veces, brazos, y es muy típico que exista dolor, sensibilidad al tacto y facilidad para hematomas. Además, en el lipedema los pies suelen respetarse, creando una especie de “manguito” en los tobillos.
En cambio, la retención de líquidos o edema se produce por acumulación de líquido en los tejidos y puede deberse a problemas venosos, hormonales, cardíacos, renales, linfáticos o incluso a determinados medicamentos. En estos casos suele existir más hinchazón en tobillos y pies y muchas veces mejora al elevar las piernas.
9. Cómo mejorar el Lipedema
Mediante el ejercicio físico adaptado, el control de peso, el drenaje linfático manual, prendas de compresión y mejorar los hábitos inflamatorios (alcohol tabaco, falta de sueño). El tratamiento conservador no elimina el tejido adiposo del lipedema, pero si ayuda a mejorar los síntomas, frenar la progresión y mejorar la calidad de vida.
Tenemos tratamientos para mejorar este padecimiento crónico, que suele consistir en combinar varias estrategias además de las medidas conservadoras: tratamiento del dolor, del edema u obesidad asociado si hubieray en última instancia la cirugía mediante liposucción.
Medidas conservadoras para mejorar el lipedema
- Ejercicio físico adaptado.
- Control del peso.
- Drenaje linfático en algunos casos.
- Prendas de compresión.
- Mejorar hábitos inflamatorios.
1.Ejercicio físico adaptado sí importa
Durante años muchas pacientes con lipedema han realizaado ejercicio físico para conseguir cambios corporales. Sin embargo, el ejercicio si es útil en el lipedema ya que mejora la movilidad y reduce la inflamación. Ayuda a mejorar el drenaje venoso y linfático, mejora el control metabólico y disminuye el dolor en muchas pacientes.
El ejercicio acuático suele ser especialmente bien tolerado porque combina movimiento con presión hidrostática, lo que ayuda mucho a disminuir sensación de pesadez y edema.
2.Control del peso y alimentación, pocas certezas
Previamente ya hemos abordado la importante del papel del control del peso en las pacientes con lipedema. Sabemos que el lipedema no es obsesidad, pero el aumento de peso en pacientes con lipedema si empeora los síntomas y los parámetros inflamatorios.
Mucho vamos a oír de la alimentación en el lipedema sin embargo hasta ahora tenemos poca evidencia científica. Algunas pacientes llegan convencidas de que existe la “dieta del lipedema”. Y la realidad es que hoy todavía no tenemos una dieta específica universal capaz de curar la enfermedad.
Lo que sí sabemos es que determinados patrones dietéticos pueden mejorar la inflamación, el dolor, el edema y la calidad de vida. Actualmente las dietas más estudiadas son la cetogénica, la baja en carbohidratos, la mediterránea modificada y algunos protocolos antiinflamatorios.
Un ensayo clínico aleatorizado en 70 mujeres con lipedema y obesidad mostró que las pacientes con dieta baja en carbohidratos perdieron aproximadamente 2,8 kg más que el grupo control en solo 8 semanas y además presentaron una reducción significativa del dolor. Curiosamente, la mejoría del dolor no se correlacionó directamente con la pérdida de peso, lo que refuerza la idea de que la inflamación juega un papel importante.
También sabemos que las dietas proinflamatorias parecen asociarse a niveles más altos de mediadores inflamatorios como TNF-α o IL-6, mientras que una mayor adherencia a dieta mediterránea se relaciona con menor inflamación sistémica.
Con el papel de las dietas debemos ser prudentes ya que el problema aparece cuando convertimos la alimentación en una obsesión o un tratamiento o prometemos resultados irreales. Ninguna dieta elimina completamente el tejido adiposo característico del lipedema.
3.Terapia compresiva y drenaje linfático
Una de las herramientas más utilizadas es la terapia de compresión mediante medias o prendas específicas, habitualmente entre 40 y 80 mmHg según el caso y la tolerancia de la paciente. En mi experiencia, muchas pacientes notan menos pesadez y edema. Mejora la tolerancia a estar varias horas de pie.
Los estudios publicados sobre el uso de prendas de compresión en el lipedema muestran mejoría en calidad de vida y reducción de la tendencia a hematomas. Especialmente cuando la compresión se combina con ejercicio físico adaptado.
Se pueden beneficiar también del drenaje linfático manual mejorando la terapia descongestiva. Esto puede ayudar especialmente cuando existe edema asociado o progresión hacia lipolinfedema.
10. Mi opinión cómo dermatóloga
En mi experiencia, algunas pacientes llegan a consulta después de años sintiéndose incomprendidas o mal diagnosticadas. Y eso merece atención médica y empática.
Sin embargo, creo que debemos ser prudentes. El lipedema existe, puede ser incapacitante y probablemente ha estado infradiagnosticado durante años. Pero convertir cualquier acumulación grasa femenina en una enfermedad tampoco ayuda a las pacientes.
Por eso intento siempre hacer una valoración individualizada, objetiva y honesta. Y por esto escribo en mi blog de dermatología sobre enfermedades, para que los pacientes sean críticos, conocedores de su enfermedad y mejore su implicación en la misma.
Recuerda que si tienes cualquier problema de la piel lo mejor es acudir a un profesional con formación que te ayude.
Preguntas frecuentes
1. ¿Qué es el lipedema grado 1?
El lipedema grado 1 es la fase inicial de esta enfermedad crónica del tejido graso. En esta etapa, la piel todavía se ve relativamente lisa, pero ya empieza a existir un aumento anómalo de grasa, sobre todo en piernas y a veces en brazos. Muchas pacientes notan pesadez, dolor al tocarse o facilidad para hacerse moratones, aunque el volumen no sea todavía muy evidente. Es frecuente que se confunda con celulitis o con “retención de líquidos”, y por eso muchas mujeres tardan años en recibir un diagnóstico correcto. Detectarlo pronto es importante porque permite iniciar medidas que mejoren síntomas y frenen la progresión.
2. ¿Cómo son las piernas del lipedema?
Las piernas con lipedema suelen tener un aumento de volumen desproporcionado respecto al tronco. Es muy típico que la grasa se acumule desde las caderas hasta los tobillos de forma simétrica, mientras los pies permanecen normales, creando un “escalón” en el tobillo. Además, las piernas pueden doler, sentirse pesadas o inflamadas, especialmente al final del día. La piel puede ser blanda y nodular al tacto, como si hubiera pequeñas bolitas debajo. Muchas pacientes me cuentan que hacen dieta o ejercicio y adelgazan de la parte superior del cuerpo, pero las piernas apenas cambian
3.¿Qué médico trata el lipedema?
Dependiendo de los síntomas y de la fase, pueden intervenir diferentes especialistas: dermatólogos, cirujanos vasculares, médicos estéticos, rehabilitadores o cirujanos plásticos especializados en lipedema. En mi opinión, lo más importante es que el profesional conozca bien la enfermedad y entienda que no es simplemente obesidad. El tratamiento suele requerir un enfoque multidisciplinar, combinando cambios en el estilo de vida, drenaje linfático, compresión, ejercicio adaptado y, en algunos casos, cirugía.
4. ¿Qué pasa si no me trato el lipedema?
El lipedema no tratado suele progresar lentamente con los años. El aumento de grasa y la inflamación pueden hacer que aparezcan más dolor, pesadez y limitación para caminar o hacer ejercicio. En fases avanzadas puede asociarse a problemas circulatorios o linfáticos, apareciendo un linfedema secundario. No existe una cura definitiva, pero tratarlo precozmente puede mejorar mucho la calidad de vida y evitar que los síntomas empeoren tanto con el tiempo.
5. ¿Existe lipedema en los brazos?
Sí, el lipedema también puede afectar a los brazos. No ocurre en todas las pacientes, pero es relativamente frecuente, especialmente en fases más avanzadas. Suele aparecer como un aumento simétrico de grasa en la parte superior de los brazos, acompañado de dolor, sensibilidad o sensación de pesadez. Igual que ocurre en las piernas, muchas mujeres notan que adelgazan del resto del cuerpo pero los brazos siguen aumentando de volumen. A veces se confunde con flacidez o con cambios hormonales normales, cuando en realidad forma parte de la enfermedad. Identificarlo ayuda a plantear un tratamiento más completo.
6. ¿Dónde duele el lipedema?
El lipedema suele doler sobre todo en las zonas donde se acumula la grasa anómala, especialmente en piernas y, en algunos casos, también en brazos. Muchas pacientes describen una sensación de pesadez, presión, sensibilidad o dolor al tocarse, incluso con pequeños golpes o roces. Es muy típico que las molestias empeoren al final del día, con el calor o después de muchas horas de pie. En mi experiencia, uno de los datos que más orienta al diagnóstico es precisamente que las piernas “duelen”, porque esto no ocurre igual en la obesidad convencional. Además, muchas pacientes presentan facilidad para hacerse hematomas y sensación de inflamación constante.
Referencias
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- Aksoy H, Karadag AS, Wollina U. Cause and Management of Lipedema-Associated Pain. Dermatologic Therapy. 2021;34(1):e14364. doi:10.1111/dth.14364.
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