La relación microbiota y piel está relacionada a través del eje intestino-piel, y a través de la dieta. Presento el libro de Dermatología Culinaria, un placer escribirlo con mis colaboradores. Gracias a Almirall por el patrocinio y a Enrique Gonzalez Morales por la edición.
Hay proyectos que llegan a tu vida de manera inesperada y otros que, cuando echas la vista atrás, te das cuenta de que llevabas años construyéndolos sin saberlo. La publicación de Nutrition & Culinary Dermatology: Psoriasis and Actinic Keratosis pertenece claramente a este segundo grupo.
Durante años he dedicado gran parte de mi actividad profesional a la dermatología clínica, la investigación y la divulgación. Y hay algo que se repite una y otra vez en todas esas facetas: los pacientes quieren entender qué pueden hacer ellos mismos para cuidar mejor su piel.
La consulta dermatológica ha cambiado mucho. Hoy ya no basta con diagnosticar una enfermedad y prescribir un tratamiento. Los pacientes quieren comprender qué ocurre en su organismo, cómo influye el estilo de vida en su enfermedad y qué papel pueden desempeñar ellos mismos en su evolución. En mi blog encontrarás entradas dedicadas a la alimentación en el vitiligo, la dieta en la psoriasis y la estrategia nutricional en la psoriasis.
Entre todas las preguntas que recibimos los dermatólogos, pocas son tan frecuentes como las relacionadas con la alimentación.
¿Qué debo comer?
¿Qué alimentos me perjudican?
¿Existe alguna dieta para la psoriasis?
¿Influye el azúcar?
¿Y los lácteos?
¿Qué papel tiene la microbiota?
Durante mucho tiempo, las respuestas a estas preguntas han oscilado entre dos extremos poco satisfactorios: por un lado, la prudencia absoluta basada en la falta de evidencia sólida; por otro, las recomendaciones simplistas que circulan en internet y que prometen resultados milagrosos sin ningún respaldo científico.
Precisamente de esa necesidad nace este libro.
Junto al Dr. Emilio García Mouronte, la Dra. Usune Etxeberria Aranburu y la Dra. Cecilia Galbete Ciáurriz hemos querido construir una obra que permita analizar esta cuestión desde una perspectiva rigurosa, crítica y, sobre todo, útil para la práctica clínica.
El resultado es Nutrition & Culinary Dermatology: Psoriasis and Actinic Keratosis, un libro que intenta tender puentes entre disciplinas que durante años han trabajado de forma relativamente independiente: la dermatología, la nutrición, la inmunología, la microbiología y la gastronomía.
La piel ya no puede entenderse como un órgano aislado
Uno de los conceptos que más ha evolucionado durante los últimos años es nuestra forma de entender la piel.
La piel no es simplemente una barrera que nos separa del exterior. Es un órgano inmunológico extraordinariamente activo que mantiene una comunicación constante con otros sistemas del organismo. Entre ellos, uno de los más fascinantes es el aparato digestivo.
En la última década hemos asistido a una auténtica revolución científica en torno al estudio de la microbiota. Hemos aprendido que los billones de microorganismos que viven en nuestro intestino participan en procesos tan diversos como la regulación inmunológica, el metabolismo, la inflamación sistémica e incluso algunas funciones neurológicas.
Y, por supuesto, también participan en la salud cutánea.
El llamado eje intestino-piel ha dejado de ser una hipótesis atractiva para convertirse en un área de investigación extraordinariamente activa. Cada vez disponemos de más datos que muestran cómo determinadas alteraciones en la microbiota intestinal pueden favorecer estados inflamatorios sistémicos capaces de influir en enfermedades dermatológicas.
No se trata de buscar explicaciones simplistas ni de atribuir a la microbiota capacidades casi mágicas. Se trata de comprender mejor los mecanismos biológicos que conectan distintos órganos aparentemente alejados entre sí.
La piel y el intestino están mucho más relacionados de lo que imaginábamos hace apenas unos años.
Psoriasis y queratosis actínica: dos modelos para entender la nutrición en dermatología
Elegimos la psoriasis y la queratosis actínica porque representan dos modelos especialmente interesantes para estudiar estas relaciones.
La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica en la que factores inmunológicos, metabólicos y ambientales interactúan de manera compleja. La inflamación sistémica de bajo grado, el perfil de ácidos grasos de la dieta, el estrés oxidativo y las alteraciones de la microbiota forman parte de un entramado biológico sobre el que la alimentación parece ejercer una influencia relevante.
Por otro lado, la queratosis actínica nos permite explorar la relación entre nutrición, daño solar acumulado, mecanismos antioxidantes y prevención del cáncer cutáneo.
Ambas enfermedades constituyen excelentes ejemplos de cómo determinados hábitos pueden actuar como moduladores de procesos biológicos complejos.
La medicina culinaria: la pieza que faltaba
Pero este proyecto no quería quedarse únicamente en la teoría.
Una de las cosas que más me llamó la atención desde el inicio fue la aportación de la medicina culinaria.
Porque conocer qué nutrientes pueden ser beneficiosos es solo el primer paso. Lo realmente difícil es conseguir que ese conocimiento se transforme en hábitos sostenibles.
Ahí es donde la colaboración con el Basque Culinary Center y el GOe Tech Center ha resultado extraordinaria.
La medicina culinaria introduce una pregunta que pocas veces nos hacemos en medicina: ¿cómo convertimos una recomendación científica en algo que una persona pueda incorporar a su vida durante años?
La forma de seleccionar alimentos, los métodos de cocinado, la biodisponibilidad de los nutrientes, la adherencia a determinados patrones dietéticos o incluso el placer asociado a la alimentación forman parte de la ecuación.
Porque una recomendación perfecta que nadie puede seguir tiene muy poco valor clínico.
Una experiencia inolvidable en el Basque Culinary Center
Por si todo esto fuera poco, durante el primer fin de semana de junio tuvimos la oportunidad de presentar el libro en el propio Basque Culinary Center, un entorno donde ciencia, innovación y gastronomía conviven de una forma difícil de encontrar en otros lugares.
Fue especialmente emocionante compartir este proyecto con dermatólogos procedentes de diferentes países europeos y comprobar el enorme interés que existe actualmente por la relación entre nutrición, microbiota y enfermedades inflamatorias de la piel.
Tengo la impresión de que estamos asistiendo al nacimiento de una nueva área de conocimiento dentro de la dermatología.
Una dermatología más integradora, más conectada con otros ámbitos de la medicina y más orientada a comprender a la persona en su conjunto.
Un agradecimiento imprescindible
Ningún proyecto de esta envergadura se construye en solitario.
Quiero expresar mi agradecimiento al Dr. Emilio García Mouronte por compartir esta aventura científica desde el principio y a la Dra. Usune Etxeberria y la Dra. Cecilia Galbete por aportar el enorme conocimiento que atesoran en nutrición, investigación y gastronomía aplicada a la salud.
Mi agradecimiento más sincero también a Almirall, que apostó por esta iniciativa desde sus primeras etapas y la ha apoyado con entusiasmo, profesionalidad y una visión que entiende la importancia de impulsar proyectos innovadores capaces de abrir nuevas líneas de conocimiento en dermatología.
Y un reconocimiento muy especial para Enrique González Morales, editor del libro, cuya dedicación, paciencia y cuidado por cada detalle han sido fundamentales para convertir cientos de páginas de trabajo científico en una obra de la que todos nos sentimos profundamente orgullosos.
Mirando hacia delante
Cuando comenzamos este proyecto queríamos responder preguntas.
Al terminarlo hemos encontrado muchas respuestas, pero también nuevas preguntas todavía más interesantes.
Probablemente esa sea la mejor definición de la ciencia.
Confío en que este libro sirva para que más dermatólogos incorporen la nutrición y la medicina culinaria a su práctica clínica con una visión crítica y basada en la evidencia. Pero también espero que ayude a comprender que la piel forma parte de un organismo extraordinariamente complejo donde alimentación, inmunidad, microbiota, metabolismo y estilo de vida mantienen una conversación constante.
Y tengo la sensación de que apenas hemos empezado a escucharla.





