Los callos en los pies acaban frecuentemente en mi consulta, pero ¿cual es la razón? Te lo cuento en este post.
Las consultas por lesiones en los pies, como los callos en los pies, son relativamente frecuentes en dermatología. En este terreno nos solapamos con el trabajo del podólogo. No está claro el límite entre uno y otro; quizá no sea tan neto, y el paciente acaba acudiendo a uno de los dos según lo que le parezca más lógico.
Los pies presentan con frecuencia múltiples lesiones: rozaduras, eccemas (ver aquí el papel del calzado), o bien ampollas en los pies, que convierten esta localización en una zona diana para la consulta. Además, cualquier dermatosis puede afectar a los pies, algunas con especial predilección, como la psoriasis en las plantas, el vitiligo o el liquen plano en la región de los tobillos.
Ahora bien, el término “callo” no es un término médico; es el término del vulgo. Los dermatólogos lo llamamos heloma o hiperqueratosis reactiva, y hace referencia a que la queratina —la capa más externa de la piel— se ha engrosado como mecanismo de defensa frente a un aumento de presión en la zona. Eso es lo que acaba formando el callo.
Dermatólogo o podólogo: ¿quién trata qué?
Aquí viene la eterna duda. ¿Esto lo trata el podólogo o el dermatólogo?
En el tema concreto de los callos en los pies, dermatólogo y podólogo nos solapamos, pero con matices, desde mi punto de vista.
¿Qué aporta el dermatólogo?
El dermatólogo trata la piel. Esto es nuestro fuerte, claro. Para bajar la hiperqueratosis, para tratar la piel dura, somos buenos. Y otra cosa muy importante: hacemos el diagnóstico diferencial correcto.
No es infrecuente confundir callos en los pies con verrugas plantares. La principal diferencia es que el callo respeta los dermatoglifos, las líneas de la piel, para mejor comprensión, lo que sería la huella dactilar. La verruga o el papiloma los rompe y, además, tiene puntos en su interior, papilas, que son vasos sanguíneos. De ahí su nombre de papiloma. Además, el papiloma es más frecuente en niños o jóvenes, mientras que el callo aparece en mayores. Sin embargo, hay excepciones a esto.
¿Y qué aporta el podólogo?
Pues yo diría que lo más importante. Digamos que tratar la piel es tratar la punta del iceberg. Podemos tratar así callos en los pies de forma puntual, pero no tratamos el problema que los produce.
Normalmente se forman siempre en el mismo sitio, por alteraciones de la pisada, de la estática del pie, por roce del calzado mal ajustado, y esto lo trabaja el podólogo más en profundidad que el dermatólogo.
Una duda frecuente: callos en los pies vs papilomas. En esta foto se muestra una verruga plantar o papiloma.
¿Y cómo trato la piel de los callos en los pies?
Se trata de eliminar la hiperqueratosis reactiva, la capa dura de la piel.
Como anécdota, durante mi residencia de Dermatología, las enfermeras clásicas del servicio, en sus curas, recomendaban meter los pies en agua con sal, fueran callos en los pies o papilomas, para después limar la piel. No he encontrado referencias en la literatura de esto, pero supongo que se consigue una hiperhidratación de la piel engrosada por la sal y se puede limar mejor después. Nunca he rechazado la dermatología antigua: por algo se usaba este método tantos años.
Ahora, de forma más moderna, se sigue pudiendo recomendar eliminar la piel sobrante. Puede ser con una lima de pies, con una piedra pómez o con una cuchilla, con cuidado, en láminas horizontales, como se corta el jamón.
También es frecuente usar queratolíticos para tratar los callos en los pies. Normalmente el que más se usa es el ácido salicílico, en diferentes formatos. En concentraciones, recomendaría superiores al 15%, entre el 15 y el 30%. Incluso algunos llegan al 40%, en cremas, lociones, geles o, muy cómodos, los parches, que se quedan adheridos y se van como comiendo el callo.
El salicílico deja la piel blanquecina en esa reducción de la queratina de la capa córnea. Para que no se asusten los lectores: es normal.
Además del salicílico, se puede trabajar —aunque es menos frecuente— con la urea al 40%. A mí me gusta más en piel sensible. El salicílico, a altas concentraciones, puede producir picor. Y una muy buena alternativa también es el ácido láctico al 20% o así, para mejorar los callos en los pies y humectarla, hidratarla, ya que el láctico es buen humectante.
Otra de las opciones, especialmente cuando la piel no está tan engrosada pero está inflamada o erosionada, son los parches hidrocoloides. En estos casos, el dolor puede deberse más a la presión directa o a la erosión de la piel, no tanto al grosor del callo. Estos apósitos ayudan a aliviar el dolor y proteger la zona mientras cicatriza. Se pueden usar de forma puntual y siempre valorando la situación concreta del callo.
Estas combinaciones se adquieren sin receta en el mercado; es cuestión de buscar una crema adecuada que lo contenga. A veces, para facilitar el trabajo al paciente o si no existe, el dermatólogo puede indicar al farmacéutico cómo prepararla para que la disponga para el paciente.
¿Se pueden operar los callos en los pies?
Normalmente no se operan, aunque sean callos profundos, lo que comúnmente se llama “ojo de gallo”. Y el motivo es claro: suelen estar en zonas de apoyo o presión, lo que dificulta que la piel cicatrice bien. La piel en esa zona está tensa y cuesta que se aproxime. Además, la propia cicatriz que quedaría puede llegar a molestar más que el callo original durante el apoyo. Por eso, la cirugía se reserva para casos muy seleccionados y cuando otras medidas no han funcionado.
Conclusiones
En dermatología llamamos heloma o hiperqueratosis reactiva a lo que comúnmente se conoce como callos en los pies. Son lesiones frecuentes que pueden confundirse con verrugas plantares, por eso es fundamental un buen diagnóstico. El dermatólogo trata la piel y hace el diagnóstico diferencial, mientras que el podólogo aborda la causa mecánica, como alteraciones en la pisada o el calzado. El tratamiento puede incluir limado, queratolíticos como el ácido salicílico o la urea, y en casos inflamados, parches hidrocoloides. La cirugía rara vez está indicada porque la cicatrización en zonas de presión suele ser problemática. Tratar solo la piel es útil, pero la clave está en corregir la causa que lo provoca.
La Dra Fernández-Guarino es dermatólogo y ejerce con su equipo de Dermatólogos en Madrid en su Clínica Privada de Dermatología Avanzada.
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Dudas habituales en consulta sobre los callos en los pies: responde la Dra. Fernández-Guarino
¿Existen diferentes tipos de callos en los pies?
Sí. Aunque el término “callo” es coloquial, en dermatología hablamos de helomas o hiperqueratosis reactivas, y pueden clasificarse según su localización y profundidad:
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Heloma duro: es el típico callo en zonas de presión (como la planta o los dedos).
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Heloma blando: suele aparecer entre los dedos, donde hay humedad; la piel es más blanca y blanda.
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Heloma vascular o neurovascular: tiene vasos sanguíneos o terminaciones nerviosas en su interior, por eso son más dolorosos. Se pueden confundir con papilomas plantares.
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Hiperqueratosis difusa: engrosamiento generalizado, sin núcleo central definido.
El dermatólogo puede ayudarte a identificarlos correctamente.
¿Cuál es la diferencia entre un callo y un papiloma plantar del pie?
Es una confusión frecuente. El callo respeta los dermatoglifos, es decir, las líneas naturales de la piel (la “huella dactilar” del pie). El papiloma o verruga plantar los rompe y además presenta puntos oscuros en su interior (papilas vasculares). El papiloma duele al pellizcarlo lateralmente y es más frecuente en niños y jóvenes, mientras que el callo aparece más en adultos. El callo suele doler al pellizcarlo o apretarlo verticalmente.
¿Qué hago si me salen callos en los pies?
Primero, descartar que no se trate de una verruga. Si es un callo, puedes empezar por:
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Eliminar la piel sobrante con lima, piedra pómez o cuchilla (con cuidado).
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Aplicar queratolíticos, como ácido salicílico al 15–40%, urea al 40% o ácido láctico al 20%.
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Revisar el calzado y la pisada, evitar roces y presión.
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Consultar al dermatólogo si hay dudas diagnósticas.
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Y si el callo reaparece siempre en el mismo sitio o no funcionan los tratamientos caseros sencillos, consultar también al podólogo para valorar el tratamiento integral.
¿Qué causan los callos en los pies?
Los callos en los pies se producen por un aumento de presión o fricción mantenida en una zona concreta. Esto puede deberse a:
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Calzado estrecho, duro o mal ajustado.
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Alteraciones de la pisada o de la estática del pie.
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Actividad física repetitiva (andar, correr).
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Deformidades óseas o apoyo anómalo.
La piel responde engrosándose para protegerse: eso es la hiperqueratosis reactiva que da lugar al callo.
Referencias sobre callos en los pies
- Bolognia JL, Schaffer JV, Cerroni L. Dermatology. 4th ed. Elsevier; 2018. p. 1352–3.
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